Duermo en un claro del bosque. A mi alrededor hay gente. Son osos. Juegan entre sí y dibujan. La luna hace resplandecer su pelo. Uno de ellos se acerca y me marca una “m” en la barriga con las uñas. El oso me saca del cuerpo y yo observo mi piel, vacía de mí. Ahora soy una osa. Tomo a mi hija de la mano, me echo la piel vacía al hombro y me interno en el bosque.