statement


La penumbra tiene un sabor a tierra atávico. El arte tiene una raíz oscura, hundida en tinieblas prelingüísticas. Toda obra de arte arraiga en nosotros por medio de la sombra que proyecta. Se intuye, oculta en una grieta o en el reverso de lo que se muestra.

El silencio que antecede el pensamiento organizado en el lenguaje me interesa como contexto fértil para la creación. Lo asocio a una potencia femenina, una especie de fuerza que resiste, por ejemplo, en el confinamiento de lo doméstico. La intuición —con su particular cualidad de fuerza sutil— configura una parte del territorio de lo femenino, y es también una vía de entrada al arte y al acto artístico.

En mi trabajo desarrollado en pintura, conecto con esta fuerza silenciosa por medio de la práctica. En el silencio del hacer se abre un espacio de conocimiento íntimo, que surge desde el cuerpo y es distinto a la organización del pensamiento racional. Remite a formas de relación con el mundo desde el cuerpo, saberes no racionales, prácticas poéticas y espirituales.

Ritual es pensamiento, como nos recuerda Cusicanqui.




La sombra no es sino la poseedora de un saber y de un sentir que sólo ella puede alcanzar.

Perniola,
El arte y su sombra.